lunes, 25 de julio de 2011

Silver sea

Sueño que voy sentada en una barca de papel. Es de noche y el escenario, solo iluminado por luciérnagas y la misma luna allá arriba. Llevo un vestido tan blanco como nieve, que cubre suavemente mi cuerpo... débil y enjuto. Mis hombros están al descubierto y hacen que el frío de la noche cale más en mis huesos. El viaje es lento y el vaivén de las aguas me arrullan como si fuera una niña otra vez y ya hubiese llegado la hora de dormir. El sonido del arroyo acompaña mi breve paseo y hacen que todo lo que esté al alcance de mis ojos sea vea tan puro, tan delicado. Quiero tocar el agua bajo mi barca. Bajo mi mano y la roso con mis dedos... tan cristalina.
A silver sea.
Pero subo la mirada y caigo en cuenta de que no estoy sola. Alguien dirige la barca... y no soy yo. Frente a mí, una figura se extiende. Aunque solo sombras veo, sé que es alguien mucho más grande que yo, que está allí para guairme, para cuidarme. No escucho su voz a pesar de que le hablo. Solo escucho sus pensamientos. Y me lleva, por los caminos donde el agua fluye. Todo es tan tranquilo, tan lejos de lo real. Pero no todo es para siempre. La barca se detiene. Hemos llegado al inicio de un camino deshabitado, mostrado por las copas de los árboles. Él se bajó velozmente y ocultó su rostro bajo las sombras. Extendió su mano y me ayudó a desembarcar. No lo solté. Me acerqué a él, curiosa, quería saber quién había tras esa generosa acción y la oscuridad de la noche. Lo miré a los ojos...
Y desperté.

No hay comentarios:

Publicar un comentario