La puesta de los soles da el inicio del ocaso, momento del día donde los pequeños Gitufos aprovechan para recolectar los wubs de las enredaderas que crecen sobre las rocas al oeste del pueblo. Solo lo pueden hacerlo en ese momento del día pues solo en el ocaso los wubs emergen de entre las espinosas cortezas de la planta para poder recibir un poco de calor sin tener que quemarse por la intensidad de los dos soles. La actividad no es nada complicada, pero requiere paciencia. Solo se dispone de unos cuantos minutos en los que los wubs son recolectables.
El más pequeño de los Gitufos se separa del grupo de recolección que se encuentra rodeando una gran roca llena de enredaderas ¿Por qué se separa? Considera que entre los grandes e imponentes árboles se encuentran más enredaderas de wubs. Deambula errante entre los árboles, siempre volviéndose hacia atrás para cerciorarse de que su grupo no se haya ido, pero a medida que se adentra más y más en la espesa vegetación de los bosques de Míglita la imagen de sus compañeros se va opacando por la maleza. Llega un punto donde la orientación del espacio se pierde, los vientos oscilantes lo confunden y el cielo guía lo abandona.
El pequeño Gitufo camina sabiendo que va por un sendero desconocido, aun sabiendo que la noche está a punto de llegar y que a ese tiempo las pesadillas deambulan observando a su presa. Pero aun a sabiendas de ello, no muestra ningún temor por morir, su mirada es decidida, su postura es firme, se siente libre y reacio al miedo.
Llega la noche, las criaturas nocturnas empiezan a merodear alrededor del pequeño Gitufo, los ojos de los carnívoros brillan con la luz de la luna, el silencio se vuelve una sinfonía terrorífica. El Gitufo mira a su alrededor, sabe que está rodeado. Es muy pequeño para defenderse, es muy débil para combatir, es poco hábil para escapar. El Gitufo está preparado para abrazar a la muerte, no se arrepiente de nada. Mira directo a los ojos a la criatura que aparece frente a él. Ella le muestra los colmillos, empieza a rugir.
¿Qué eres tú? -pregunta el pequeño Gitufo al contemplar directamente a la criatura deformada y pintada de negro- esta forma tuya no es la de una criatura normal. La criatura se prepara para atacar, pero antes de poder realizar algo, una luz celeste recubre su cuerpo deformado y alumbra todo el ambiente alrededor del pequeño Gitufo. El pequeño mira el lugar de donde proviene la luz, allá arriba de un árbol. Es una Gitufa.
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