¿Un camino?
¿Un túnel?
¿Un sendero?
Primera página. Luces en blanco y negro. Puntos, rayas, cuadros, seguida de una página en blanco. ¿Qué es lo que debe seguir? Algo tan filosófico y hermoso como la explicación. Pero si no se te ocurre nada... ¿qué haces?
Pues me siento en mi mesita de toda la vida. Pongo música que me inspire, prendo la lámpara que alumbraba mis tareas escolares y está ahí, frente a mí, la página en blanco que inicia mi bitácora. No soy dibujante, pintora, pero puedo escribir en ella. No solo palabras, también podría escribir música. Tomo el lápiz que yace a mi derecha, lo poso suavemente sobre la hoja y dudo. Han pasado tantas cosas hasta el momento, que es difícil pararme en mí misma y decir: Hey, despierta. Hoy y ahora, este es el inicio.
Y el miedo de toda la vida, también. He ahí el miedo de conocer personas nuevas, que me llenen como nunca alguien lo ha hecho antes; miedo a que me guste, a que olvide todo lo aprendido.
Las cosas que encontraré en el camino puede que me ayuden a superarme, que me iluminen, que representen el avance que tanto espero. ¿Y si fallo en el intento? Pues también lo plasmaré en estas hojas desiertas, que esperan ser desvirgadas por la punta de mi bolígrafo. ¿Qué caminos tomaré? ¿Cuántas veces caeré? ¿Y me levantaré? Yo sé que sí. No ha pasado más de medio año en vano.
120 hojas. Nunca tanto, nunca tan poco...
Y ahora... ¿qué iba a escribir?
No hay comentarios:
Publicar un comentario