El humo de tu cigarrillo recae sobre mi rostro. Te inclinas hacia mi rostro, me miras con esos ojos tristes pero embellecidos por el maquillaje, mueves tus labios articulando palabras que se pierden en el humo, yo solo me concentro en el color de tus labios, los deseo. Me concentro en color de tu vestido, en como tu pelo cae sobre tu rostro y cubre la mitad de él. ¿En qué momento esta habitación se tornó gris? ¿En qué momento tú te volviste....gris? Pero ni siquiera te volviste gris, no recuerdo el color de tus labios, de tu vestido, de tus ojos. ¿Qué hacemos en esta habitación? ¿Qué hacemos en esta mesa?
Un momento, yo también soy gris, pero... hay un tono rojo emergiendo de mi pecho, manchando esta camisa gris. Me miras sin sobresaltarte. Sigue fumando mientras limpio esto rojo que emerge de mi pecho. Me asomo por la ventana de la habitación, esta no es mi ciudad, esta ciudad gris no es mía. Este hombre que se refleja en el vidrio no soy yo.
¿Entonces quién eres? -preguntas levantándote de tu asiento y caminando contoneando tu cuerpo. Soy un hombre -respondo mientras me tomas por el hombro y me vuelves hacia ti. ¿Quién eres? -pregunta Desidia. Soy un bastardo -respondo mientras la luz de la ciudad alumbra tus infantiles mejillas llenas de pecas. ¿Quién eres? -pregunta Agonía abriendo mi camisa cubierta de sangre. Soy un mártir -respondo conteniendo ira y mirando mi pecho ensangrentado. ¿Quién eres? -preguntas levantando mi rostro haciéndome ver tus ojos llorosos Algarabía. Un imbécil -respondo mientras te vuelves a la mesa y me das la espalda.
Te vuelves a mí, has dejado el cigarrillo en el cenicero, te recoges el pelo y me muestras tu hermoso rostro de diosa. ¿Quién soy? -preguntas mientras acaricias los bordes del hueco que da a mi corazón. Mis ojos te contemplan confundido, tú me contemplas inexpresiva. Coges el hilo y la aguja de la mesa y empiezas a cerrar la herida. No duele, no me pregunto el por qué. Terminas, me besas, te alejas contoneando tus caderas, tomas tu bolso, abres la puerta, te vuelves a mí, nos miramos esperando algo, algo de mí, siempre algo de mí, y como siempre, algo de mi sale para alguien que no soy yo. Eres poesía.
Nunca aprenderás -dice Agonía cerrando la puerta. Nunca aprenderás -dice Desidia con un cuchillo en las manos, cuchillo que vuelve a abrir mi pecho, sin dolor para variar. Nunca aprenderás -dice Algarabía desde detrás mío. Nunca aprenderás - dice el hombre del reflejo de la ventana. Nunca aprenderé... -murmuro solo en esta habitación gris.
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