Sueño que voy sentada en una barca de papel. Es de noche y el escenario, solo iluminado por luciérnagas y la misma luna allá arriba. Llevo un vestido tan blanco como nieve, que cubre suavemente mi cuerpo... débil y enjuto. Mis hombros están al descubierto y hacen que el frío de la noche cale más en mis huesos. El viaje es lento y el vaivén de las aguas me arrullan como si fuera una niña otra vez y ya hubiese llegado la hora de dormir. El sonido del arroyo acompaña mi breve paseo y hacen que todo lo que esté al alcance de mis ojos sea vea tan puro, tan delicado. Quiero tocar el agua bajo mi barca. Bajo mi mano y la roso con mis dedos... tan cristalina.
A silver sea.
Pero subo la mirada y caigo en cuenta de que no estoy sola. Alguien dirige la barca... y no soy yo. Frente a mí, una figura se extiende. Aunque solo sombras veo, sé que es alguien mucho más grande que yo, que está allí para guairme, para cuidarme. No escucho su voz a pesar de que le hablo. Solo escucho sus pensamientos. Y me lleva, por los caminos donde el agua fluye. Todo es tan tranquilo, tan lejos de lo real. Pero no todo es para siempre. La barca se detiene. Hemos llegado al inicio de un camino deshabitado, mostrado por las copas de los árboles. Él se bajó velozmente y ocultó su rostro bajo las sombras. Extendió su mano y me ayudó a desembarcar. No lo solté. Me acerqué a él, curiosa, quería saber quién había tras esa generosa acción y la oscuridad de la noche. Lo miré a los ojos...
No puedo recordar con exactitud cómo es que llegamos a la mitad de la noche. No sé si fue tu risa al llegar, o tu eterna espera lo que me hizo percatar de tu presencia. Sabíamos que no debías estar ahí, pero aún así lo logramos. Y no importaba más, ni nadie más. Solo el hecho de que estabas allí dentro y nadie te iba a sacar. Tengo que admitir que afuera hacía mucho frío, mucho mucho frío, sin embargo, era mi lugar favorito. Dentro, todo estaba tan oscuro como la noche lo permitía estar y fuera, el aire corría mientras batía mi cabello al pasar. Fue una noche hermosa, aunque solo cruzamos miradas un par de veces. Sé que me observabas, lo podía sentir... Y yo, sentada sobre las piernas de alguien más o tomada de la mano con otro, también lo hacía. Existía una voz dentro de mí que quería llamarte, que te quería más cerca... Pero ya sabes, era un tanto imposible.
Las ganas de saltar no faltaban, de escaparme corriendo, de decirte que nos vayamos ya.
Si tuviéramos las agallas, tan solo faltarían 44 días.
Somos observadores activos de la historia de vidas ajenas que en varios puntos convergen hilando una historia única. Somos arañas definiendo un destino que no puede ser cambiado por los protagonistas de la misma, pero aun así, sus decisiones son relevantes para el futuro de su vida. Somos Dioses, somos asesinos, somos padres, somos genocidas, pero ante todo, somos narradores.
Pero existe un momento en el que las decisiones de una vida escapan de las manos de los hiladores. Existe un momento donde la realidad y la ficción se unen y crean un nuevo páramo irreal. No es la realidad, no es la fantasía ¿Qué es?
Lo mismo me pregunto él, llorando lágrimas de sangre sobre el papel que describía su muerte. No te conocí lo suficiente en vida, pero si te conocí lo suficiente en pensamiento, tu muerte fue escrita y narrada por mí. Y parado frente al charco de tu sangre, pienso con tristeza... en los otros muchos que murieron por mi causa.
Los religiosos realizaron un voto de silencio en su juventud, decidieron entregar su bulla a Trazahga. ¿Por qué su bulla? Porque la bulla de un ser es sinónimo de juventud, de vida, de alegría y fuerza vital. Es por ello, que al observar un grupo de niños jugando se pueda escuchar el escándalo que arman sus juegos, en cambio, cuando se observa reuniones de ancianos, lo que predomina es la tranquilidad y el silencio.
Aprecia la bulla de tu alma ahora que eres joven pequeño Gitufo, no hagas preguntas que podrían perturbar tu inmaculada mente, ya llegara la edad de la respuestas -explicó el Viejo Rojo. Mmmhh, esa es una pregunta que debería ser respondida...
Trazahga es la creadora del mundo, la luz vital, el aliento natural de la tierra manifestado en forma de mujer. Ella nació porque ella lo decidió, pero no nació sola. Como ella fue la manifestación de todo lo bueno, la ley natural del equilibrio busco compensar lo bueno en la existencia con la maldad, y así nacieron los demonios Trazahgaranianos. Ellos nacieron tratando de adoptar la misma forma celestial que Trazahga, pero en su afán por alcanzar dicha figura, fueron perdiendo su propia esencia adoptando a sí, una forma aún mas bizarra y repulsiva.
Dichas criaturas crearon la oscuridad del universo, Trazahga creo que la luz de las estrellas y el gran astro Rojo. Los demonios crearon el agujero del vacío, Trazahga creo el agujero del principio y el polvo de la vida que se dispersaba rápidamente por todo el vacío, creando así, planetas y vida.
Pero a cada nueva creación de Trazahga, una nueva forma de destrucción aparecía. La paciencia de ella desapareció, y decidió crear nuestro mundo, el mundo mas grande, poderoso y perfecto. Utilizando como núcleo, a los demonios Trazahgaranianos quienes por medio de tretas, fueron encerrados hasta nuestros días.
No eres un recuerdo, pero te tengo presente; no eres herida, pero verte causa un dolor displicente en mi corazón; no fuiste una elección, pero fuiste una posibilidad.
Eres una posibilidad que nunca conocere, eres una narración nunca contada que se pierde entre el misticismo de su cigarrillo.
Soy feliz porque solo representas una posibilidad, pero sin vacilar podría afirmar, que eres una de las posibilidades mas puras que encontrare en la vida.
Elegí esta algarabía de voces de narradores que relatan lo que pudo ser, lo que podria ser... Pero no me arrepiento de mi elección.
Ten cuidado, eres una en un millón y el mundo lo sabe, buscará aplastarte, quitarte la pureza, porque el mundo es envidioso, no desea que perduren seres puros como tú, chica Alegre.
Anduviste errante por mucho tiempo, caminos te llevaron por senderos desconocidos y finalmente te encontraste con el lugar, el momento y la situación perfecta para establecerte. Te sentaste en la tierra, dejaste tu mochila de lado y descargaste los implementos necesarios para la faena. Luego de descansar de la larga caminata y de recordar tus pasos, tomaste la tierra húmeda que yacía a tus pies y creaste primero una muralla, que te serviría de base y que daría forma a tu nuevo hogar. Fuiste aumentando el tamaño, la altura de tus paredes. A veces pasaste noches dentro de tu construcción a medio terminar, pero nunca la dejaste a su suerte. Hubieron días de llovizna, de truenos y tormentas, pero ninguna fuerza fue capaz de hacerte desistir. Hiciste tus muros fuertes, imponentes y seguros. Los acabaste, y seguiste con el tejado. Finalmente, tu obra terminó y orgullosamente te dijiste a ti mismo que era lo mejor que habías hecho en años y confiaste que a partir de ahora todo sería diferente. Te estableciste. Y pasaste mucho, mucho tiempo dentro de tu pequeña morada.
Un buen día, día de sol, entró un haz de luz por un agujero que estaba casi en la base de tu casita. Lo miraste con asombro, con curiosidad y luego... con desprecio. Y empezaste a buscar cada pequeño error que existiese en tu gran obra, cada pequeño rasguño, imperfección, orificio. Y en tu afán de perfección, tomaste tierra húmeda y quisiste resanar cada espacio de tu base, usaste más de lo normal he hiciste peso en un solo lado de tu casa. Humedeciste toda tu base... y poco a poco la humedad fue subiendo por tus paredes, hasta llegar a lo más alto de tu obra maestra. Y cometiste el mismo error de siempre. Tu morada fue cayendo, destrozándose a pedazos, lado por lado... Y tú, aún sin comprender el por qué, te quedaste admirando cómo todo a tu alrededor se desmoronaba.
Menos mal que no viste caer el techo entero, que iba cayendo sobre ti...
Soy un caminante de nubes, observador de novas, vendedor de sueños y fantasías, soy el mismísimo abogado de la neutralidad. Pero soy un moribundo clamando a gritos por un poco de agua.
A mis ojos, apareciste de la nada, aunque siempre estuviste allí. Me tendiste tu mano y me ofreciste toda el agua del mundo con la mejor de las sonrisas, pretendiendo ser la imagen de la armonía y la estabilidad. Para mí mala suerte te creí, fue allí cuando empezó el largo trayecto a mi miseria, a mi agonía.
Creí que el agua eras tú, te sobrevalore, te adore, te idolatre, te subí a lo más alto de mi pedestal y te observé como un ser celestial, pero no lo eras, nunca lo fuiste.
Lo peor fue que yo sabía que no lo eras, pero cuando contemplas algo con ojos perdidos, los detalles imperfectos desaparecen.
Entonces cuando de caminar entre las nubes, de observar los astros nacientes, de vender a otros sueños y fantasías y regalártelos todos, fue cuando decidí establecerme en ti. Fue cuando deje todo por ti, y también fue cuando decidiste tomar todo antes que a mí.
No me percate a tiempo, o simplemente decidí no ver la realidad que me decía que el agua cada vez se iba reduciendo, que no era el único en aquel manantial que tenía tu nombre. Justifique la presencia de otros con razones irracionales, pero trataba de defender la imagen que eras para mí, aunque ahora que te veo a lo lejos, me doy cuenta que solo protegía una parte de mí que alojaba un trozo de ti...
La sed es un estado que decidí no volver a pasar, me juré a mí mismo nunca más permitir que algo así pasara. Soy un caminante entre las nubes, oidor de novas, comprador de sueños y fantasías, soy un chico temeroso de la neutralidad, pero jamás, jamás volveré a ser un moribundo clamando a gritos por agua.
Me hablas del mañana, yo te hablo de las nubes. Me miras con amor, yo me mantengo perdido en la nada. Me hablas de tu corazón, de tu pasado y de tus miedos; yo te hablo de rarezas.
Eres la representación mas humilde de mi corazón, la concepción mas inocente del mundo sobre lo que es lo correcto, eres el ser más puro del mundo. Pero es una lástima que yo no lo sea.
Te dejo hoy porque sé que no te merezco y te pido perdón por no decirtelo.
El primer error de mi vida, fue el no saber apreciar ni valorar lo que tuve, ni en el pasado, ni ahora y sé que nunca. Serás mas feliz sin mi.
El segundo error fue creer que alejandome de ti me olvidarias, ahora sé cuando díficil es olvidar cuando quieres con inocencia.
El tercer error fue ser verdadero, porque asi no hubo lugar a mentiras para cuando deseaba alejarme de ti.
Eres como un bebé que pone pucheros cuando algo no le gusta, como una nena que no quiere que la melena se le llene de pasto al echarte en el parque, eres una sonrisa tierna con un trozo de cuero encima. Tu escala de grises combina con mi arco iris y me pierdo en las calles, pero contigo. Nuestros pasos van a un solo ritmo, uno, dos y doblamos la cuadra. Me gusta que me guíes, que dirijas y que me tomes de la mano y me lleves por los caminos que solo conoces tú.
Cuando mis pies se despegan del piso y estás a mi lado y sonrío como tonta, ¿te das cuenta? Me da mucha vergüenza y por eso solo atino a besarte. Me gusta decirte que te quiero, aunque tú fuiste quien lo dijo primero (porque yo jamás lo hubiera hecho) yo lo he repetido más veces. Es como un reflejo tonto, llena los silencios, los espacios, la distancia entre tus pensamientos y los míos, y, espero, también tus sentimientos.
Eres dulce de una forma tan indirectamente proporcional a tu apariencia que nadie lo adivinaría quizás. Y comes chocolates blancos conmigo, y peleas por comerlos conmigo, y te vas, conmigo. Me acomodas el cabello para que puedas besarme y te acomodas el cabello porque el tuyo estorba más que el mío. Me río de ti, te ríes de mí y me da tanta risa estar aquí sentada a tu lado cuando hace un mes no sabía quien eras.
¿Recuerdas el día de las fotos? No quería que me las tomaras, ahora quiero retroceder y tomarme miles a tu lado y recordar que te quiero y que me querías, ¿no?
Los Gitufos exiliados se caracterizaban por ser criminales, traidores, dementes, psicópatas, entre otros. Pero el Gitufo que observaba a la lejanía el pueblito emergiente formado en la falda de la montaña, era diferente. Nadie conocía la verdad de su historia, pero preferia ser considerado como un criminal, en otras palabras, preferia ser considerado como un martir.
Su propio estilo de vida nómada y solitario hacia de sí mismo una desgracia, puesto que mostraba una apariencia arapienta y salvaje propia de una bestia, incluso, habia quienes afirmaban que sus ojos habian perdido el poco rastro de civilización con la que habia dejado el pueblo.
Los gitufos del pueblo sabian de su presencia: Conocian la historia de aquel errante que deambulaba tras los pasos de ellos desde el día en que se le desterro. Nunca pudo alejarse, o quizás, nunca deseo alejarse. Sus motivos eran inciertos, lo único que podria afirmarse con certeza es que iba tras algo en específico, o en el peor de los casos, tras alguien...
Pero lo que él sabia que los Gitufos de la aldea no, era que una mirada distinta a la de él, observaba el pueblo con ojos de muerte.
Odio lo artificial. Lo natural, ahora, es una idea vaga, muy pocas veces la vemos en las personas que nos rodean. Porque hay que guardar las apariencias y pues, claro, tenemos que "gustar" a medio mundo. Que te pongas esto o el otro, vístete bien, lo poco que tienes debes usarlo en su sitio, ¿por qué no te arreglas?, no te digo que te maquilles, pero ¡un poco de color por favor!, etc, etc.
Bah, no me quiero parecer a mi hermana. No la conosco, es cierto, pero me han dibujado una vaga idea de cómo es y creo que cuando la conosca en persona, tendrá de fondo musical "Material girl" de Madonna. Y sí, es que su mundo son las compras, la ropa nueva, el maquillaje, los viajes de vacaciones y las grandes marcas. Me la imagino como esas tipas que salen en las películas, rubias, delgadas, usando tacones, llevando sus mil bolsas de compras color rosa en una mano y en la otra, un chihuahueño con lazito. Genial, ¿verdad?
Estoy tan segura que cuando mi padre nos una bajo el mismo techo, y sean las 11 pm, un día de fin de semana, yo estaré con la luz apagada, tirada en mi cama, escribiendo tonterías para el blog mientras hablo con Angel David por skype y ella, en el cuarto de junto, estará terminando de lacearse MÁS el pelo y dándose los últimos retoques para su noche de juerga. Me imagino que saldrá al pasillo, gritará un: ¡ya vengo, no me esperen! y saldrá por la puerta principal, a la que yo pienso echarle llave una vez se haya largado. ¡Y ay de ella si tenemos casa de dos pisos y se quiere meter por la ventana para que no noten su tardanza! Me va a conocer. O bueno, no sé si sería capaz de sellar todas las ventanas de la casa, sería realmente aburrido y poco efectivo, pero probablemente sí le pondría chinches en el suelo y toda esa clase de trampas que ponía Macaulay Culkin en mi Mi pobre angelito.
Ya lo natural no existe, no queda, no va. Y lo más cercano (entre comillas) que tengo a ese mundo material, es precisamente ella. Yo solo quiero ponerme mis jeans más sueltos, la polera más abrigadora y así poder recibir gente y salir a la puerta de mi casa.
Vi tus pequeños ojos por primera vez hace muchos años, en un día del cual casi no tengo el recuerdo. Eras tan dulce, tan frágil, tan niña. Recuerdo llevabas tu cabello amarrado por dos tiernas colas, con las que nosotros, encantados, jugábamos. Llevabas loncherita para el descanso y termito para las mañanas frías. Con el tiempo, subiste peldaños. Cambiaste de lugares, y la vida te enseñó a defenderte de los otros. Recuerdo que era muy raro verte o escucharte hablar. Ahora nadie te calla. Optaste por ser generosa, compartir tus preciados dulces, y por ser el arquero más talentoso de los de tu edad. Luego de seis largos años, uniste tus cabellos, y tus ojos se volvieron hacia mí. La niña tímida reveló sus secretos... y a cambio, obtuvo los míos. Tu mundo se expandió. Y no fui la única persona que tuvo el honor de ser testigo, pues se podía sentir en tus sonrisas, tu mirada, en el aire que corría cuando pasabas. Y luego, la niña se enamoró. Y la tierra entera no pudo ser más feliz por ella.
Desconozco la razón, pero llevas, hasta el día de hoy, un poder infinito, en lo más profundo de tu ser. Es un calor que aflora en los momentos más precisos, más grises, más crueles. No en vano estoy consciente ahora mismo y soy capaz de escribir estas líneas. Pequeña niña, me instruiste en el arte de amar al otro, de sacar fuerzas de donde no las hay, de tener el valor de enfrentar la vida misma. Me enseñaste a valorar lo que uno tiene, y sobre todo, a conservarlo. Ya he estado al filo del desfiladero, a punto de perderte, niña. Y no creo que haya ser en el mundo que podría soportar tal cosa. Pero volviste a mirarme, a verme con esa alma tan pura, y me tomaste de la mano.Y no pude ser más dichosa...
Ya creciste, niña, lo tengo que aceptar. Pero nunca dejarás de tener esa inocencia, esa dulzura. Ya empezaste tu nuevo camino, paso a paso, más madura. Y ¿sabes que muchas veces los caminos se bifurcan y se dividen? Pero aunque exista esa y mil otras posibilidades, personalmente estoy segura que nos volveremos a encontrar. Y ese día, nos veremos como la primera vez, y tus secretos serán revelados, al igual que los míos.
El miedo comienza cuando apago la luz y la oscuridad hace de mi casa un lugar mas tenebroso, estrecho y largo. Su extensión se duplica y los demonios que viven debajo del piso empiezan a exclamar por libertad. La cobija no es una protección, pero sirve para engañar a la mente por un rato a que si no lo vemos, no existe.
El piso cruge, la puerta se abre de golpe y el pasillo largo y estrecho oculta toda clase de criaturas inconcebibles por una mente cuerda y sana. Pero entendamos que la mía no ha sido nunca la mas limpia de todas.
El silencio y la calma son el grito de la bestia. Ella sabe como funciona para destruir la mente de su presa.
Se arrastra por el pasillo cargando su cuerpo descompuesto y desparramado, recubierto por toda clase de sustancias viscosas y fétidas. Sus brazos largos y magullados por la lucha de sus víctimas se emplean como soportes para el movimiento de la criatura.
Es cuando su aliento esta en mi nuca, y la cobija ya no sirve para separar aquello que sentimos sin ver y vemos sin sentir, que entiendo que la muerte esta proxima, tiene forma inhumana como siempre la imagine y lo único que la hace moverse es el deseo mórbido de contemplar el arte siendo ejecutado frente a sus vacíos ojos ensangrentados.
Lima la gris, eres el escenario de su amor, de nuestro amor, mas suyo que mio. No por el hecho que no la quiera, sino por el hecho que su amor es tan enigmatico y complejo, y el mio tan simple y sincero.
Si el amor fuese tan simple, si pudieramos comprender al amor como algo tan sencillo. Entonces no estariamos hablando de amor.
Pero tu amor es complejo y enigmatico. Complejo porque eres una jaula de sentimientos que contienen demasiados pajaros dentro de sí, los cuales por algún motivo, decides retener. Enigmatico porque al acercarme a la jaula veo criaturas incomprensibles a la mente, y al alejarme, contemplo figuras conocidas de animales que no deberian estar allí.
Ni tu ni yo sabemos que es tu corazón, pero aún es muy temprano para descifrarlo, o quizás muy tarde para intentar comprenderlo.
Papá ¿Cómo conociste a mi mamá?
-Fue una solicitud de amistad hijo, una tímida solicitud de amistad de un joven de pelo largo y de mirada despreocupada.
Luna era una niña-mujer. De cabello y ojos café, solía destacar por su "inteligencia" y su manera de hacer las cosas, tan diferente... Se solía decir que era un tanto tímida y que callaba en su interior fragmentos de historias inimaginables, que nadie nunca había escuchado. A Luna le gustaba estar sola. De muy pequeña, le gustaba armar su castillo ideal y ser la protagonista de sus propios cuentos. A Luna le gustaba estar sola. Armaba su propio restaurant y servía a sus pequeños comensales: sus peluches. A Luna le gustaba jugar sola. Le daba clases a sus amigos imaginarios, que siendo menores que ella, la entendían a la perfección. Luna creaba historias y hacía actuar a sus muñecos. Historias inocentes a su edad... pero de las cuáles jamás se imaginó ser parte cuando creciera. Luna nunca se vio grande. Creció sin motivo, sin razón, pero creció. Y con ella, sus ilusiones se fueron haciendo mayores, hizo promesas, las rompió sin querer, y no se dio cuenta en qué momento dejó de ser la niña mimada para dar paso a la chica que pasaba desapercibida. Aunque esto no duró mucho, a ella le gustaba. Descubrió que le gustaba cantar y no lo hacía tan mal. Nadie se fijaba en sus pasos y hasta llegó a hacer un par de amigos. Buenos amigos.
Pero todo cambió. Luna se enamoró de la luna. La conoció en una noche frente a una pantalla, digo, frente a una ventana. Poco a poco descubrió la manera de cómo comunicarse con ella y no debió pasar mucho tiempo para que se diera cuenta de lo especial que era. A partir de ese momento, Luna y la luna se unieron y emprendieron un interminable camino, citándose cada noche en la misma ventana de siempre. Luna ya no estaba sola. Luna reía, Luna lloraba. Luna ya no estaba sola. Las historias guardadas vieron la luz de la noche, fueron compartidas y disfrutadas. Luna se entregó totalmente a ese nuevo sentimiento. Luna y la luna crecieron de la mano. Y crecieron mucho más.
Pero Luna no creyó en el final. Sus historias nunca terminaban. Cada una que contaba, daba pie a otra nueva. Pero esta fue la excepción. La luna se veía muy distante, muy diferente. Y Luna no se percató de las cortinas oscuras que compró el destino. La ventana se nubló y las cortinas se corrieron. Luna no lloró. Luna estaba sola. O al menos eso creía. Se cerraron y cubrieron las ventanas, pero las puertas se abrieron de par en par y dejaron entrar un haz de luz. La despedida de la luna no fue más que un sentimiento efímero. Luna fue recogida. Luna recibió sonrisas.
Pero Luna no sabía que sería parte de una más de sus historias. Luna fue tomada a prueba. Dos pruebas. Su destino era diferente al que ella imaginó para sí. El camino esperado no era el indicado. Dos pruebas debía pasar, y el destino no deseado podría alcanzar. Luna se mostró indiferente, no quería, no quería. Estuvo muy a punto de reprobarlas, de mandarlas muy lejos... Pero Luna... se dio por vencida. No pudo más con ella misma y pasó ambas pruebas, sin querer, sin querer. Ya estaba lista. Luna tenía un camino marcado y resaltado, no podría perderse, no había salida. Cabizbaja y sin poder dar marcha atrás, lo aceptó. Pero Luna no quería irse. No quería seguir ese camino de oportunidades, de sueños color rosa, la opción fácil. Ella quería quedarse, quedarse en su mundo de fantasía creado por ella misma, sonreir a los que le sonreían, bailar con los que bailaban, descorrer las cortinas... disfrutar de su cuento.
Luna aceptó, sí. Ya era una mujer. Pero tenía un sueño. Que en ese viaje, mientras camine, no hubiesen ventanas. Y que allí, en el cielo abierto y oscuro de la noche, esté ella.
Los Gitufos son constructores por naturaleza: Su excelente físico y vitalidad al momento de realizar labores los han vuelto obreros-arquitectos de renombre en todos los continentes. Es quizás su organización la responsable de su excelente labor.
Tenemos por ejemplo a los hombres, organizados para realizar el labor física y de construcción. Las mujeres Gitufas emplean su labor a la organización y diseño de los edificios, además del planeamiento de la urbanización y aprovechamiento del terreno. Los jóvenes por su parte, se encargan de la preparación de alimentos, lo que conlleva a su vez, la caza y recolección de alimentos. Es a través de esta labor que los nuevos Gitufos aprenden con la caza el arte de la paciencia y el coraje necesario para volverse los nuevos Gitufos de las generaciones venideras. Luego estan los niños, a cargo de recolectar especies y flores silvestres para emplearse en la decoracion de las nuevas calles. Por último, y no menos importante, estan los ancianos Gitufos, sentados formando un circulo y narrando las historias de los Gitufos, recopilando información y transmitiendola a través de escritos. Gracias a los ancianos, es que conocemos el pasado de esta armoniosa comunidad. Además de ello, el mas viejo de los viejos, el Vidente Rojo, realiza los rituales del florecimiento donde los espiritus de Gitufos le transmiten mensajes sobre gloria, fama, riqueza, armonía.. y en el peor de los casos, muerte.
Eres un ave errante extraviada en el nubarron de mis recuerdos.
Te mantienes lejana y cercana, siempre encontrando el equilibrio para estar presente sin estarlo.
No te pido que estes aquí. Te exclamo que te extraño.
Pues eres una ínfima parte de mi corazón, y es esa simpleza de tu expresión, la que te vuelve sin duda en una de las mas adorables.
Esto no es más una petición de un amigo que desea ver tu rostro otra vez; esta es la forma mas pura de expresarte que las fotos que representan un cariño pasado, se tornan en un dolor presente y en el peor de los casos, una ausencia futura.
Piel agrietada. He dejado de quererte. No imagino un beso tuyo más, cada vez que acercas tus labios mis músculos se tensan y mis nervios se desgastan. Y no muevo mi boca, trato de no pensar y si quiero parar no me dejas, tal vez te das cuenta. Veo tu ojos, y quiero cerrar los míos porque no soporto una mirada tan tierna, tan pura, mirarme, a mí, que he hecho todo mal. Siento tus manos buscar las mías. Me siento segura.
Labios secos. No te comparas con nadie. Eres tan frágil, tan duro. Sé que aparentas, no quiero que dependas. Caminar solo, pararte erguido, mirar al vacío. Perdón. No me necesitas, puedes volar, bailar, tocar, cantar, puedes ser feliz, a mi lado pero sin mí. Aprender a compartir con sinceridad y con cautela. Aprender a vivir, sin riegos es imposible. Sufrirás, todos hemos sufrido. Sonreirás, como yo contigo.
Ojos cerrados. Solo quiero quererte como no puedo. Quiero sentir, quiero sea como antes, que sea ayer, retroceder meses, deshacer acciones, callar palabras. Quiero quedarme. La distancia, el tiempo, la garúa, las calles, la soledad, la nostalgia, los errores, trajeron la sequía. No quiero romperte, cristal, pero ya me voy. Quiero estar sola. Quiero verte de lejos.
Debo decir que me gusta hacerme esperar. Pero solo contigo. Me gusta perderme a lo largo del día y que al atardecer, de señales de mi existencia y tú corras, corras hacia mí. Adoro esa sensación de ser tu pedacito de luz, cuando todo es eternamente oscuro, gris, vacío. Que cuando las luces bajan, te aferres a mí y no veas a nadie, nadie más. Pero hoy no ha garuado. Hoy no. Hoy no he sentido, no he sentido nada.
Tengo miedo de haber perdido mi sentir, esa dulzura con la que alguna vez te trataba o al menos la iniciativa de acercarme a ti, sonreirte, abrir los brazos y decirte: ¿me das un abrazo?
Ahora hemos invertido papeles. Ahora eres tú el que busca, tú el que dice, tú, tú, tú. ¿Y yo? Pues nada. Sonrío. Y no sonrío porque no tengo el valor de apartarte, sonrío porque me gusta. Porque me parece gracioso, ilógico y pintoresco que seas tú ahora. Pero al mismo tiempo sonrío ante la incapacidad de hacer algo por corresponder, algo que esté acorde a lo que sientes, algo que te llene.
Perdona el no saber aprovechar, pero recién empiezo a estar segura de cada paso que doy. Ahora no puedo hablar más, llegaron los amigos. Y tú y yo somos dos más de ellos.
Los prados poblados de Azurgo contemplan el tedioso andar de las bestias Du ju. Es cuando el mas viejo de los caminantes se detiene y voltea a mirar al resto de sus hermanos caminando tras él, siempre en fila recta y mirando hacia el piso, que levanta su mano izquierda y exclama a todo pulmón. ¡Será aquí! Los caminantes que deambulan junto con las bestias Du ju observan sin saber que decir. Nadie esperaba que allí fuera. Nadie exclama nada. Los caminantes se miran los unos a los otros sin soltar sus bolsas y paquetes, cuestionan con sus miradas la decisión del lider.
Pero es el mas pequeño de ellos, desde el lomo de una de las bestias Du ju exclama: ¡Estamos en casa! Los niños de las caravanas Du ju suben a los lomos de sus bestias de carga y exclaman lo mismo que el primer niño, el más pequeño de todos ellos. El lider lo observa con una sonrisa, baja el brazo al ver que la gente se une a los canticos de alegría de los niños. Se relaja por primera vez en mucho tiempo y contempla el brillo que emiten los prados de Azurgo al reflejarse con el sol.
La alegría que escapa de las risas de los niños se reconfortante para todos, y este bienestar y alegría dura por semanas. Aunque, esas risas no solo llegan a los oidos de los mismos caminantes, alguien observa entre los árboles de Perpól.
Desde esta vieja banca puedo contemplar como siempre lo he hecho, tu silencio. Silencio que me grita palabras que no pueden llegar a ser articuladas, pero que intempestivamente desean ser interpretadas.
El Mar se ve tan reacio, tan quieto, el sonido de las olas acariciando la arena hace de tu silencio una puñalada mas leve. ¿Sabes? Prefiero cuando garúas, conviertes tu silencio en una comoda caricia. Haces que mis pensamientos no requieran mucho para formularse, haces que la nube que representa mi mente encuentre una paz que ha perdido hace mucho.
Te prefiero como garúa antes que silencio, antes incluso, que lluvia.
"Todo tiempo pasado fue mejor, hoy todo es un desastre"
"¡Cómo me gustaría regresar el tiempo y arreglar las cosas!", etc, etc.
Tengo que admitir que yo, si no las he dicho en su momento, las he pensando incontable veces. Quizás si tuviera la oportunidad de regresar en mis pasos, podría enmendar muchas cosas, cambiar el rumbo de los hechos, obviar malentendidos, malas caras, y arrebatos. Tal vez mi hoy sería más tranquilo, más pausado (si eso fuera posible)... pero a la vez, sería un tanto aburrido, caído en la interminable rutina y en un bucle infinito de paredes grises. Sin embargo, heme aquí, en mi tiempo. Segura y orgullosa de todo lo que he hecho, y todo lo que tenía que pasar. Me equivoqué muchas veces y sé que lo voy a seguir haciendo por el resto de mi vida, pero es ahí donde encuentro lo hermoso de ser. A mi corta edad, puedo decir que el ahora es lo mejor que me podría haber pasado, y que no vale perder el tiempo cuestionándolo.