Somos observadores activos de la historia de vidas ajenas que en varios puntos convergen hilando una historia única. Somos arañas definiendo un destino que no puede ser cambiado por los protagonistas de la misma, pero aun así, sus decisiones son relevantes para el futuro de su vida. Somos Dioses, somos asesinos, somos padres, somos genocidas, pero ante todo, somos narradores.
Pero existe un momento en el que las decisiones de una vida escapan de las manos de los hiladores. Existe un momento donde la realidad y la ficción se unen y crean un nuevo páramo irreal. No es la realidad, no es la fantasía ¿Qué es?
Lo mismo me pregunto él, llorando lágrimas de sangre sobre el papel que describía su muerte. No te conocí lo suficiente en vida, pero si te conocí lo suficiente en pensamiento, tu muerte fue escrita y narrada por mí. Y parado frente al charco de tu sangre, pienso con tristeza... en los otros muchos que murieron por mi causa.

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