El miedo comienza cuando apago la luz y la oscuridad hace de mi casa un lugar mas tenebroso, estrecho y largo. Su extensión se duplica y los demonios que viven debajo del piso empiezan a exclamar por libertad. La cobija no es una protección, pero sirve para engañar a la mente por un rato a que si no lo vemos, no existe.
El piso cruge, la puerta se abre de golpe y el pasillo largo y estrecho oculta toda clase de criaturas inconcebibles por una mente cuerda y sana. Pero entendamos que la mía no ha sido nunca la mas limpia de todas.
El silencio y la calma son el grito de la bestia. Ella sabe como funciona para destruir la mente de su presa.
Se arrastra por el pasillo cargando su cuerpo descompuesto y desparramado, recubierto por toda clase de sustancias viscosas y fétidas. Sus brazos largos y magullados por la lucha de sus víctimas se emplean como soportes para el movimiento de la criatura.
Es cuando su aliento esta en mi nuca, y la cobija ya no sirve para separar aquello que sentimos sin ver y vemos sin sentir, que entiendo que la muerte esta proxima, tiene forma inhumana como siempre la imagine y lo único que la hace moverse es el deseo mórbido de contemplar el arte siendo ejecutado frente a sus vacíos ojos ensangrentados.
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