viernes, 8 de julio de 2011

Uno

Los prados poblados de Azurgo contemplan el tedioso andar de las bestias Du ju. Es cuando el mas viejo de los caminantes se detiene y voltea a mirar al resto de sus hermanos caminando tras él, siempre en fila recta y mirando hacia el piso, que levanta su mano izquierda y exclama a todo pulmón. ¡Será aquí! Los caminantes que deambulan junto con las bestias Du ju observan sin saber que decir. Nadie esperaba que allí fuera. Nadie exclama nada. Los caminantes se miran los unos a los otros sin soltar sus bolsas y paquetes, cuestionan con sus miradas la decisión del lider. 
Pero es el mas pequeño de ellos, desde el lomo de una de las bestias Du ju exclama: ¡Estamos en casa! Los niños de las caravanas Du ju suben a los lomos de sus bestias de carga y exclaman lo mismo que el primer niño, el más pequeño de todos ellos. El lider lo observa con una sonrisa, baja el brazo al ver que la gente se une a los canticos de alegría de los niños. Se relaja por primera vez en mucho tiempo y contempla el brillo que emiten los prados de Azurgo al reflejarse con el sol.

La alegría que escapa de las risas de los niños se reconfortante para todos, y este bienestar y alegría dura por semanas. Aunque, esas risas no solo llegan a los oidos de los mismos caminantes, alguien observa entre los árboles de Perpól.

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