Soy un caminante de nubes, observador de novas, vendedor de sueños y fantasías, soy el mismísimo abogado de la neutralidad. Pero soy un moribundo clamando a gritos por un poco de agua.
A mis ojos, apareciste de la nada, aunque siempre estuviste allí. Me tendiste tu mano y me ofreciste toda el agua del mundo con la mejor de las sonrisas, pretendiendo ser la imagen de la armonía y la estabilidad. Para mí mala suerte te creí, fue allí cuando empezó el largo trayecto a mi miseria, a mi agonía.
Creí que el agua eras tú, te sobrevalore, te adore, te idolatre, te subí a lo más alto de mi pedestal y te observé como un ser celestial, pero no lo eras, nunca lo fuiste.
Lo peor fue que yo sabía que no lo eras, pero cuando contemplas algo con ojos perdidos, los detalles imperfectos desaparecen.
Entonces cuando de caminar entre las nubes, de observar los astros nacientes, de vender a otros sueños y fantasías y regalártelos todos, fue cuando decidí establecerme en ti. Fue cuando deje todo por ti, y también fue cuando decidiste tomar todo antes que a mí.
No me percate a tiempo, o simplemente decidí no ver la realidad que me decía que el agua cada vez se iba reduciendo, que no era el único en aquel manantial que tenía tu nombre. Justifique la presencia de otros con razones irracionales, pero trataba de defender la imagen que eras para mí, aunque ahora que te veo a lo lejos, me doy cuenta que solo protegía una parte de mí que alojaba un trozo de ti...
La sed es un estado que decidí no volver a pasar, me juré a mí mismo nunca más permitir que algo así pasara. Soy un caminante entre las nubes, oidor de novas, comprador de sueños y fantasías, soy un chico temeroso de la neutralidad, pero jamás, jamás volveré a ser un moribundo clamando a gritos por agua.
Lo juro.
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