Cuando mis pies se despegan del piso y estás a mi lado y sonrío como tonta, ¿te das cuenta? Me da mucha vergüenza y por eso solo atino a besarte. Me gusta decirte que te quiero, aunque tú fuiste quien lo dijo primero (porque yo jamás lo hubiera hecho) yo lo he repetido más veces. Es como un reflejo tonto, llena los silencios, los espacios, la distancia entre tus pensamientos y los míos, y, espero, también tus sentimientos.
Eres dulce de una forma tan indirectamente proporcional a tu apariencia que nadie lo adivinaría quizás. Y comes chocolates blancos conmigo, y peleas por comerlos conmigo, y te vas, conmigo. Me acomodas el cabello para que puedas besarme y te acomodas el cabello porque el tuyo estorba más que el mío. Me río de ti, te ríes de mí y me da tanta risa estar aquí sentada a tu lado cuando hace un mes no sabía quien eras.
¿Recuerdas el día de las fotos? No quería que me las tomaras, ahora quiero retroceder y tomarme miles a tu lado y recordar que te quiero y que me querías, ¿no?
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