miércoles, 28 de septiembre de 2011

A tientas.

Hace mucho que no me atrevo a escribir estas lineas. Hace mucho que no me sentaba frente a una pantalla y dejaba fluir todo lo que podía salir de mi. Hace mucho que no lloraba, hace mucho que no me percataba de cada sentimiento que podía aflorar de mi más profundo ser. Y es que ya te lo he dicho mil veces... es el miedo el que se apodera de todo, el que me mantiene callada, el que me retiene en cada paso que doy. Es un tanto difícil olvidar... olvidar aquellos días en que no existía ser más miserable que el que yo misma veía en el espejo. Con los ojos llorosos y una sonrisa mal hecha, me prometí a mi misma que jamás volvería a pasar por una situación tan estúpida y adversa. Me prometí que jamás le volvería rogar a nadie, y que no volvería a sentir nada si era necesario. Esos ojos llorosos se volvieron en un mirada fría y aprendí a sonreír, cosa increíble. Pero mi sonrisa no delataba mas que ironía y quizás hasta alguna alegría efímera. No te hiciste más que un recuerdo, bueno y malo a la vez, pero a fin de cuentas, un recuerdo. Muchas cosas se decían sobre ti... que te iba bien, que eras diferente, que ya estabas encaminado. Y genial. Me daba mucho gusto escuchar eso, aunque yo no estuviera ahí para verlo con mis propios ojos. Me dediqué a indagar más sobre otros, que sobre ti o sobre mí. Le eché tierra a todo y jamás hablé de ello. Hasta hoy. 


No sé como explicarte que eres un ser inalcanzable. Que cada vez que volteas la mirada hacia mi, es como si prendieras una luz de esperanza, entre tanto miedo acumulado en mi interior. Camino a ciegas, guiada por esas pequeñas luces que aparecen de tanto en vez. Miro de frente, pero no te encuentro... a menos que suba la mirada. No es cuestión de tamaño físico, sino de cuán alto estás. Posees un poder inexplicable. Un poder que me hace sentir que cada vez que lo desees, cada vez que te hartes, podrás voltear la mirada y quitarme tu luz. Y así, una vez más, regresar al pasado. 

Hago lo que puedo. En serio que lo hago. Pero aún no puedo confiar ciegamente... Es un tanto extraño, ya que nadie te conoce tanto como yo podría conocerte. Sé que eres la persona más dulce que podría haber encontrado en mi camino; que jamás tendrías la intención de hacerme daño... Sé que en el fondo tú me quieres... Y todo aquello abrió una puerta en  mi oscuridad, que no hizo más que llevarme directo a ti. El camino estaba ahí y todo era perfecto. Solo que olvidé cerrar esa puerta tras de mí...



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